Dalmau

Origen y Evolución de los Nombres

"Historia de Casa Dalmau de Solius



Información de referencia sobre la evolución de los nombres, especialmente en Cataluña:

El sistema latino que se impuso después de la conquista por Roma atribuía a los patricios tres designaciones:

1ª "Praenomen" o nombre propio.

2ª "Nomen" o nombre gentilicio, el de la "Gens" o grupo de familias unidas por parentesco.

3ª "Cognomen", apodo, que acaba siendo el nombre de la familia en sentido estricto.


Los plebeyos poseían sólo dos nombres: El primero y el tercero de los citados. El cristianismo, triunfante en el siglo V, barrió este sistema y no reconoció más que un solo nombre. Se trataba de romper toda atadura del neófito con su pasado. (Se sigue aún esta práctica en las profesiones religiosas de frailes y monjas).


La gran variedad de nombres propios germánicos, sumada a los pre existentes latinos, griegos y hebreos, facilitó la implantación y perduración de esta fórmula onomástica. Por largo tiempo la Iglesia dejó plena libertad de elección en los bautismos, puesto que el culto de los Santos no arrancó hasta el siglo IX, se popularizó a partir del XII y se hizo obligatorio imponer el nombre de un Santo a partir del Concilio de Trento en 1563.


El sistema cristiano de un solo nombre entra en crisis a partir del siglo X y poco a poco un sobrenombre se añade al nombre de bautismo para precisar la individualidad de las personas. Las causas de este cambio fueron el progresivo desconocimiento de las lenguas germánicas, que se tradujo en un empobrecimiento onomástico, el aumento de la población y la incipiente concentración de ella en las ciudades, todo lo cual condujo a confusión. En las actas se hacía constar junto a los nombres la filiación, pero en la vida corriente se recurría a los apodos o sobrenombres, incluso entre nobles y reyes: Gifre "el Pilós", Carlos "el Calvo", Luis "el Piadoso", Ramón Berenguer "Cap d' Estopa". Otro procedimiento de identificación era añadir al nombre propio el nombre de pila del padre en forma de genitivo: Guillelmus Berengarii, Bernardus Rolandi.


Entre nobles o hidalgos, herederos de feudos o de propiedades, era frecuente añadir al nombre de pila el propio del territorio en que se asentaba el feudo o propiedad o incluso el del pueblo al que éstos pertenecían, precedidos del "de". El nombre de familia, fijado a una casa, cuadraba perfectamente con la fijación del hombre a la tierra producida por el régimen feudal. Con una casa, un nombre y una familia quedaba asegurada la sucesión y, con ella, la continuidad en el cultivo de las fincas. Esta continuidad en el nombre quedaba asegurada aún en el caso de haber sólo una heredera "pubilla" cuyos hijos adquirían como primer apellido el primero de la madre y como segundo el primero del padre "fadristern".


La fijación de los nombres patronímicos y su lenta conversión en apellidos empezó en los documentos notariales y en los libros parroquiales. Estos últimos aparecen por primera vez en Italia. El primero conocido en Francia es de 1411. En Francia, cuando la asamblea electoral de 1789, se dio el caso de que la mayor parte de los delegados de los siervos de los montes Jura no pudieron ser designados más que con sus nombres de bautismo. Se trata de un proceso lento y complejo, que tiene características especiales en cada región. Parece ser que en Italia se han conservado nombres de familia desde época romana. En cuanto a los libros parroquiales sólo fueron obligatorios los de bodas y bautizos a partir del Concilio de Trento. La introducción de los registros condujo también a disminuir el número de apodos.


En Cataluña es muy difícil y a veces imposible distinguir entre un nombre y un apellido ya que la misma palabra o dos muy parecidas son usadas frecuentemente en ambos sentidos. Así son coincidentes los nombres propios y al mismo tiempo apellidos los siguientes de origen germánico: Albert, Arnau, Bernat, Carles, Enric, Grau, Ricart. De origen latino: Amat, Cebriá, Climent, Dalmau, Salvador, Salvi. De origen hebreo: Bartomeu, Jaume, Joan, Mateu, Simó. De origen griego: Andreu, Jordi, Nicolau. En los estudios de antroponímia catalana figuran citados numerosísimos apellidos procedentes de nombres de pila germánicos, latinos, griegos, hebreos y árabes por este orden de importancia.


En las escrituras notariales en actas y en inscripciones epigráficas figuran nombres y apellidos latinizados: Dalmatius 971, 1067, Dalmatio 1019.


Dalmatia era una provincia romana situada frente a la costa oriental de Italia a lo largo del Adriático, Dalmaticus era un sobrenombre dado a L. Cecilio Metelo, vencedor de los Dálmatas, y Dalmatius era el nombre dado a quien procedía de la Dalmacia.


En ocasiones los nombres de pila se convierten en apellidos a través de una forma en diminutivo, v.gr. Massot, que parece ser proviene de Tomás, Tomassot, Massot.